Cuando tienes un bebé, todo cambia a tu alrededor. Hasta entonces eres tú misma con tu barriga: feliz, bastante despreocupada, egoísta, hija, amiga, pareja, hermana...
Tras el parto, las cosas cambian. No de golpe, pero lo hacen. Yo me quedé en estado de shock con aquello llorón y que dependía de mí. Era imposible escaquearse. Nada te iba a salvar de aquella responsabilidad... Pero cambias, ella se hace lo más importante y tú te vuelves más secundario.
Antes de eso, pasas una etapa de "Y tú, ¿quién eres?"
Eso es lo que piensas al verte en el espejo gorda, ojerosa, despeinada... Vamos, ¡un primor! También, de vez en cuando, te cruzas por el pasillo con un ser parecido pero en versión masculina. Él huye por las mañanas y vuelve al anochecer, te planteas si no es compatible con la luz...
Tu pareja deja de serlo para pasar a ser elPapáde. La relación cambia. Los primeros días no quería separarme de él, me sentía desvalida y vulnerable. Al irme a Barcelona a presentar a la niña a mi familia, lloré por separarme de él. Por primera vez en los muchos años de amor en la distancia, lloré por no querer separarme. Después vino una etapa más dura, de vuelta a Gijón, con mucho trabajo y muchos llantos (míos y de la niña). Como él me dijo, nos estábamos convirtiendo "en dos cuidadores de laBebé que se la pasaban por turnos". Como no duermes, no hay intimidad; como comes en un suspiro, no hay conversación. Es una etapa peligrosa que hay que tener cuidado por pasar rápidamente e intentar reconvertir la relación a algo bueno.
Nosotros dejamos a la niña en alguna ocasión para ir a comer o cenar; cuesta separarse de ella, pero es imprescindible volver a sentirse uno mismo y dos como pareja por un ratito.
La otra gran transformación es una misma. No es fácil. Al menos no lo es para mí. Dejar de ser lo que era para pasar a ser otra cosa. Intento no hacerlo de forma agresiva, quiero irme sintiendo cómoda en la nueva situación. Ahí voy... La Matrona de la Preparación al Parto nos dijo que había tres grandes crisis en la vida de una mujer: la adolescencia, la maternidad y la menopausia. ¡Ahí vamos!
También lo sufren los amigos: ya no te concentras. Hablas por teléfono y ella llora. Pasean contigo, una bebé babosa (y una perra feliz posiblemente). Hablas de biberones y pañales; ellos de juergas y trabajo. No ves pelis, no ves series, no lees libres. ¿De qué hablar? Del cariño que os guardáis de antes... ¡Amigos! Gracias por aguantarme.
En la imagen: elPapá y yo de viaje de novios en la puerta del Serengeti.