jueves, 22 de febrero de 2018

La escuela

Hoy una vecina me ha enviado las fechas y horas de visitas de jornada de puertas abiertas del colegio al que van sus hijos. Asistiremos un sábado por la mañana y será la segunda vez.

Nuestra primera jornada de puertas abiertas fue a la Escuelina de Gijón, cuando laBebé rozaba los cuatro o cinco meses y nos tocaba hacer la preinscripción. Fui con elPapá y éramos la única familia. La directora me preguntó si estaba embarazada y mi moral cayó por los suelos. Me pareció pequeña e incómoda, pero la solicitamos y fue la MEJOR decisión posible.

Allí nos sentimos acogidos y apoyados como familia, crecimos juntos. Fajito también fue alumno hasta que nos mudamos a la capital; y no preinscribí a Adrià porque me hice el test de embarazo un día más tarde de que se acabara el plazo.

El paso a la escuela de mayores fue sencillo: al colegio público más cercano a casa y en el que yo había trabajado durante dos años. Nos adjudicaron la plaza y después supimos que nos mudaríamos en otoño.


Ella empezó el colegio sin ningún amiguito en clase. Su padre y su abuela la acompañaron el primer día. Llevaba el mandilón/baby/bata que habíamos comprado una semana antes y habíamos encargado el nombre bordado. Fue de la mano hasta la puerta, allí se soltó y subió la escalera con su profesora nueva. Nosotros estábamos asustados. Yo sufría desde el primer día de clase de un 3º de Primaria en un colegio al otro extremo de la ciudad y sólo viví estos momentos por foto, whatsapp y llamada de teléfono.


Primer día en Gijón

lunes, 19 de febrero de 2018

AVE veraniego

¿Vas a viajar sola con los niños? Arréglate. A ti y a ellos. No es un detalle menor, aunque sí te parezca superficial. A nosotros, nos funciona.

Otro Puccaconsejo: ENVÍA EL EQUIPAJE. Una maravilla entre las cosas. Es un poco estresante por tener que hacer la maleta con 48 horas de antelación y ya tener que decidir con qué ropa se va a viajar y que dejas en casa para los días intermedios, pero después te olvidas. Ya no le añades más estrés a las horas previas, tus maletas ya están en destino (y sale más barato que facturar en un avión) y evitas arrastrar más bultos que a tus propios hijos que ya son suficiente.

Este verano volvíamos a enfrentarnos (los niños y yo) a la aventura de viajar solitos hacia nuestro veraneo playero mediterráneo. Y los vestí a juego, peiné, perfumé y yo me peiné un poco.


Como somos un desastre (yo), pedí un Cabify, pero no especifiqué cuántos (y variados) niños viajaban conmigo, así que la conductora no me llevó. Esperé a elPapá en una terraza para llegar a la estación en nuestro coche y con las sillas correspondientes.

A la llegada, sí hay sillas para todos.

En Atocha, comimos una hamburguesa (además, elegantes) con un calor terrible y ya pudimos acceder al tren con el carro gemelar. ¡Cabe! Las puertas de los trenes miden más de 63 centímetros (medida de ancho de nuestro Mountain Buggy Duet) así que pude entrar sin tener que soltar a Bollito por el suelo de ningún sitio. Entré, los coloqué en el asiento y plegué el carro.

En los trenes, no se paga billete (ni se ocupa asiento) hasta los cuatro años, así que sólo las chicas tenemos. Por eso paso poco tiempo sentada; además, no se suelen quedar muy quietos. Di una vuelta por el tren, en busca de los asientos de silla de ruedas (me dijo un interventor que si no están ocupados, las familias podemos usarlos y tienen más espacio) en los que había dos policías.
Al volver, Manel se sentó junto a Carmen y yo tenía a Adrià en la mochila portabebés. Estaba de pie, al final del vagón. Se me acercó un señor y me dijo que tenía mucho calor, que se sentía mareado y que si le dejaba sentarse en la maleta que yo tenía enfrente (que no era mía), le dije que sí y mientras movía a los niños para ofrecerle uno de los asientos, vi cómo perdía el conocimiento.
Me quedé de pie, aguantándole y dije en voz alta:
-Perdón, ¿alguien me puede ayudar?
Enseguida hubo varias personas que llegaron junto a mí. Lo movimos a la plataforma entre vagones, allí lo estiramos en el suelo y le levantamos las piernas. Llegó el interventor y la policía. Yo expliqué lo sucedido y me retiré. Seguía teniendo un niño colgando y dos más que una pasajera había llevado un poco más lejos del tumulto. No podía ayudar más.

Recuperó un poco la conciencia y lo llevaron a su asiento, viajaba solo. Pidieron un médico y bajó por su propio pie (ayudado) en Zaragoza, donde le esperaba una ambulancia. Espero que esté bien y sólo fuera un golpe de calor.


Nuestra llegada a la playa fue correcta y aquella noche mis hijos se bañaron en una fuente del paseo marítimo a ¿25 grados? Ante el disgusto de laÀvia por si cogían frío. La niña perdió una zapatilla.



viernes, 16 de febrero de 2018

Manel se pierde

Su primer viaje sentado en el autobús
Manel se pierde. Tengo que asumirlo. Es un pasota, él decide su camino-. Justo ayer, iba él por el Carrefour con una moto de juguete de exposición y decía "Pallá"; ante mi ataque de nervios con Carmen en otra moto y Adrià en el carro sin capacidad de reacción.

El rey de la velocidad al escapar

Salí con una contractura tal que pasé el resto de la tarde en casa, con ellos encerrados entre cuatro paredes.

Aquí me ausculta tras una taquicardia

Nuestra primera vez fue este verano pasado en Madrid, una tarde de junio en la que yo estaba parapetada en la salida del parque vallado y, de repente, él ya no estaba dentro. ¿Por qué? Pues porque saltó a través de un banco por el extremo opuesto. Carmen avistó una cosa blanca (el color de su camiseta) huyendo tras un perro a mucha distancia. Sí: era él.

Y este agosto, menos de una semana después de que la policía viniese a rescatarlo, llegamos a Gijón. Fuimos al parque de Begoña una soleada mañana de marea alta, allí estábamos los Puccos al completo. Carmen girando, Adrià en su carro y vestido a juego con Bollito, Manel. Yo le iba siguiendo por el parque, que ya me lo conozco, pero tampoco puedo maniobrar bien con el carro gemelar y no puedo dejar al pequeño constantemente abandonado...

Nos encontramos a unos conocidos y me despisté saludando. Y ya no estaba, no veía sus pies (había estado metido en una casita bajo el tobogán). Alerté a elPapá que no me creyó. Fui una vez, dos. Di un pequeño volteo; volví a decírselo al progenitor. Vuelta más grande: no está.

Cuando no se escapa, es adorable
Ahí ya se hizo cargo su padre, mientras yo recogía a Carmen y la arrejuntaba al bebé. Pedro ne hizo un gesto desde lejos de que no le veía; y que iba a dar una rodeo mayor.

En ese momento, mi marido tuvo una visión: el carrusel. Objeto atrayente que gira con bayos y otros amigos de nuestro Houdini. Y allí le encontró. En brazos del feriante, girando tan tranquilo. La policía local también estaba allí, avisados por los propietarios del tiovivo. Nos identificamos y le pudimos recoger.

Él habiá llegado hasta allí por su cuenta y riesgo y se había dispuesto a subir sin encomendarse a nadie (cosa que logró). Le pareció muy mal que yo le obligara a bajar. Pagué dos viajes más, que no le parecieron suficientes y saludamos a aquellos amables señores cada vez que pasamos por allí.

¿Qué he aprendido? Que existen mochilas con correa:

Y que su hermana lo conduce fenomenal


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Manel encerrado en el coche (obra teatral)

Casa de playa. Muchos familiares. Hora de la siesta tardía.

MADRE: Deberíamos ir a comprar a Mercadona para la barbacoa que hemos organizado mañana.
PADRE: De acuerdo. ¿Nos llevamos a los niños?
MADRE: Sí, a los mayores.
HIJA MAYOR: Tengo pis. (Madre e hija salen de escena. Se funde a negro).

Saliendo de casa.

PADRE: ¿Vamos?
MADRE: Sí, ¿y Manel?
PADRE: En el coche. (Oye un ruido y corre).

El coche está cerrado, los tres personajes están alrededor. Dentro se ve algo.

PADRE: He arrancado para poner el aire y Manel ha cerrado por dentro.
MADRE: ¿Qué hacemos?
PADRE: Esperar a que abra. Sonríe mucho para que no se ponga nervioso.

Pasan los minutos. Pese a las indicaciones, el niño no abre. No entiende qué debe hacer. Llega una niña de la playa.

SOBRINA: ¿Qué hacéis?
MADRE: Disimula. Manel está encerrado con las llaves dentro del coche. No sabe abrir. No se lo hemos dicho ni a la Àvia, ni al abuelo.
PADRE: Manel, ¡dale al botón!
SOBRINA: ¡La palanca de la puerta! (El niño saluda desde dentro. Intenta entender qué le dicen. Tira los brazos hacia sus padres).
MADRE: Hay que romper el cristal.
PADRE: (Coge un martillo) Mantenedlo lejos de la ventana. (Golpea por el lado del copilato. No consigue romper).
HIJA MAYOR: (Llorando) ¡No rompáis el coche!
MADRE: Llamo al seguro. (Se aleja a llamar por teléfono. Salen unos vecinos. Charlan con ella. Aparece la Àvia. No se oye lo que dice y no habla, pero su descontento y nerviosismo es patente).
PADRE: Manel, ¡el botón!
MADRE: Dicen del seguro que ahora viene alguien, pero voy a llamar a emergencias por si no pueden abrir.

El personaje de dentro alterna estas dos posiciones: encantado divertido, cansado aburrido.

Los primeros en llegar son dos policías locales. La madre habla por teléfono.

MADRE: Dice el de la grúa que él cree que sí puede abrir el coche.
POLICÍA 1: (Tocando la ventana) El coche está frío, no está pasando calor.
PADRE: Sí. el aire está puesto.

El niño del interior se acerca a saludar a los policías con mucho interés. De repente, apaga el contacto del coche.

POLICÍA 2: Anulo los bomberos por ahora. (Habla por la radio).

Se oye un sonido. El padre y el policía 1 se abalanzan hacia las puertas. El niño ha tocado el botón y ha abierto las puertas. Lo sacan. El padre lo coge en brazos y coge las llaves del contacto.

PADRE: (A la madre) Lu, ¡ya está! Ha abierto él.

Ella corre a abrazar al niño. Él corre a jugar despreocupado.

MADRE: Llamo para anular la grúa.

La policía pide unos datos y se despide. Han pasado 50 minutos desde la primera conversación. El niño intenta colarse en casa de un vecino. 

Cae el telón.

FIN


miércoles, 30 de agosto de 2017

·El colchón de septiembre

He pasado el último mes y medio fuera de casa. De vacaciones. En Altafulla con mis padres y en Gijón con mi suegra. He dormido en diversos y variados colchones. Algunas noches, en varias camas. Y yo echaba de menos mi colchón.

El domingo volvimos a Madrid y ayer me estiré sobre él y pensé en que ya hacía nueve años que lo tenía. (¿Cuánto dura un colchón?) Me lo regalaron mis padres cuando me fui a vivir al Raval en el año 2008 sola a un piso sin muebles: colchón, nevera y sofá. Ése fue el mínimo que decidí que necesitaba para vivir. Ya me había independizado dos años antes, al entrar de interina, compartí piso dos cursos con dos compañeros. Mis padres no estaban muy de acuerdo y ayer me volvía a acordar de la sensación de acostarme en otra casa el 13 de octube de 2006 y pensar que yo ya no vivía con mis padres. Tuve algo de miedo en ese instante, pero decidí ser valiente.

Bueno, pues volvamos a lo que iba:

Fajito ya ve llegar septiembre
El 1 de septiembre ya trabajaré en Madrid. Un destino definitivo nuevo. Y hará 11 meses que no trabajo. Me dieron "Riesgo en el embarazo" por no ser inmune a la Rubéola (pese a estar vacunada). Y después pedí una excedencia para no tener que volver a Gijón sin familia.
.
Ese mismo día Hijo3 y Fajito empezarán en la Escuela Infantil madrileña. Pero Adrià estará de adaptación y LaBebé no tendrá colegio hasta el día 8; por eso el 31 de agosto llega mi madre a ayudarnos con lo que nos queda por delante. Estará poco más de una semana, pero sí coincidirá con mi cumpleaños y el de Manel. Me gusta pasar el día con ella o verla un rato. Es un día de las dos. Pero no pasaba desde el 2012 cuando yo cumplía 31 y fui a pasar el día a Altafulla con mis padres y sobrinos. Yo estaba embarazada de Carmen y empezaba a trabajar en mi primera plaza definitiva.

Estoy nostálgica, será la depresión postvacacional o el miedo escénico a lo que se nos viene encima...

El que se adapta

A la que le quedan más vacaciones

martes, 4 de julio de 2017

El paso de cuna a cama de Fajito (first round)

Los meses van pasando y el medio año de Hijo3 coincidió con la ola de calor. Él ya empieza a estar grandecito para seguir durmiendo en la minicuna; además allí dentro no circula mucho el aure y todos los días se despertaba muy sudado. 

Así que, tomamos una decisión: había que pasarle a la cuna grande donde ya dormía alguna siesta y estaba encantado porque tenía más espacio y algo de brisa. El inconveniente es que Fajito seguía durmiendo en la cuna pero yo lo vi claro: lo pasamos a la cama.

Él es de buen dormir:

El arte del dormir

Y, por ello, yo supuse que sería facilísimo. 21 meses de dormirse en cualquier lugar y circunstancia dan mucha experiencia.

Junto a la cuna, está la cama de invitados que se abre en versión doble y allí él dormiría estupendamente. La abrimos, colocamos a Adrià en la cuna y acostamos a Manel. Al primer intento, el mediano despertó al pequeño tirándole objetos dentro de la cuna.

Nuestra siguiente estrategia fue dormir con él, yo me acostaba a su lado. Saltaba por encima de mí y se iba. Acababa durmiéndose en el sofá de aburrimiento.

También hemos dormido a Manel en su cuna y lo desplazamos ya dormido a la cama; al mismo tiempo, está la cuna de viaje desplegada en el dormitorio de matrimonio y, entonces, lo movemos también a la otra cuna. Incluso llevamos dos noches con el inicio inverso: es Manel quien se duerme en la cuna de viaje y se lo mueve desde allí a la cama antes de acostarnos los adultos.

Después, elPapá o yo dormimos junto a ellos en una habitación-trinchera llena de objetos inverosímiles para saltar a calmar al que se despierte para que el otro no le imite.

Anoche, pensé que le haría la misma rutina que a Carmen: cuento antes de dormir y biberón. Ella se durmió estupendamente, él pareció quedarse en la cama de mayor, pero pasados unos minutos apareció por el salón con un cuento bajo el brazo gritando "¡Nana!" (Rana, hay que quererle y entenderle). Volvió a la cuna de viaje con el cuento y un disgusto.

Una vez se ve encerrado en esos habitáculos con barrotes, se estira y se duerme sin queja. Lo que no entiende es lo de dormir en la cama. 

Antes de acostarme ayer, lo llevé a la cama de mayores y he dormido a su lado. Esta noche ha recorrido los 160 centímetros que separan su lado del borde, me ha pasado por encima y se ha caído de la cama. 

Es la obra la que va pidiendo el material me ha dicho mi madre esta mañana, cuando le explicaba mi reflexión sobre que nos ha vencido.. Quiere decir que aún no es el momento para que él duerma en cama, que puede que sí dentro de una semana o seis meses, pero ahora no. 


¿Y Adrià? Pues no puede volver a a minicuna porque está estrecho y ya está guardada, así que vivirá en la vacacional cuna de viaje a los pies de la cama de sus padres.

Minicuna vs cuna grande


Seguiremos informando. ¿Algún consejo?

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...